miércoles, 29 de abril de 2026

Tus constelaciones en mi alma

 


Solíamos ver la vida de la misma manera, pero hoy habitamos mundos distintos. 

Solía ser tu pequeño satélite, pero era demasiado problemático mantenerme en tu órbita. Hoy ardes con más fuerza, y yo estoy buscando una nueva ruta, mi propia ruta.

Ahora caminas entre rascacielos, 14 horas por delante. Yo sigo buscando que el tiempo pase lento escapándome a ejidales. 

Estás construyendo hacia afuera...yo sigo escribiendo más sobre vidas ajenas que viviendo la mía porque, después de casi hacer que me maten, tengo miedo de salir de las palabras. 

Hoy empiezo a entender que ambos fuimos más complejos que cualquier versión que otros puedan contar. También estoy aprendiendo a perdonarme...no desde la excusa, sino desde la responsabilidad de querer ser distinta. Enseñanzas de Frenchie.

Parece que nuestros mundos ya no encajan, y es lo que más duele. No sé si el amor que quedó bastaría para crear un puente entre ellos. 

No sé si podría recuperar tu confianza, si podrías mirarme con el anhelo con el que solías hacerlo. No sé si podríamos ser un dúo dinámico. Sólo sé que siempre te apoyaré y te aplaudiré desde aquí con orgullo.

Ojalá algún día puedas verme a lo lejos y reconocer lo mucho que he avanzado.

Yo ya me reconozo que saqué a los patanes de mi vida para poder estar a solas conmigo, verme, pelearme conmigo, y convertirme en mi primera aliada. 

Que estoy tratando de aprender las skills básicas para convertirme en un adulto funcional. 

Que todos los días me levanto a intentarlo con una sonrisa, ya sin antidepresivos, con dos duelos jalándome hacia abajo.

Yo ya me reconozco que estoy haciendo lo mejor que puedo todos los días para ser una persona completamente diferente a la que te hizo daño.

No te pido que lo veas, que realmente me veas como nueva astronauta en mi propio planeta, explorando el espacio a mi ritmo. 

No te pido que me ames. Me diste tanto amor a manos llenas que no me alcanzaron las oportunidades ni la madurez para devolvertelo multiplicado.

No te pido que regreses, tienes una nueva vida ahora, enfocado en ti y logrando tus sueños. Nunca quise ser una distracción ni una carga que te alejara ellos.

Sólo te pido que, si algún día vuelvo a pasar por tu mente, trates de pensar que todo el amor que me diste no fue en vano: 

Que me salvaste de todas las maneras posibles.

Que me convertiste en una persona que ya no quiere ser el centro del universo para alguien, sino que intenta amar desde la entrega y no desde el egoísmo.

Que tu luz me tocó cuando estaba sumida en la oscuridad, y que siempre será mi guía, aunque ya no caminemos codo a codo, ni seamos dos. Aunque de ahora en adelante habites en una galaxia igual de inmensa, de válida...

y lejana.

Sólo le pido a la vida que sepas que tú me enseñaste a convertir las lágrimas en estrellas fugaces.

Que a veces nos recuerdes, y sepas que tú y yo siempre llevaremos polvo de estrellas en el corazón. 



lunes, 27 de abril de 2026

El don de las espinas


Cuenta una leyenda que un día caluroso llegó al reino de los Sabinos un viajero extraño. Era un hombre desgarbado, con las articulaciones deformadas y la piel cubierta de ronchas supurantes. Caminaba con dificultad, aferrándose a su bastón y al escaso aire que entraba a sus pulmones. 

El pequeño príncipe, que había escapado del castillo para retozar entre la naturaleza, lo vio avanzar por las vías del ferrocarril con dificultad, y corrió a socorrerlo. 

"Ayúdame a descansar bajo el ahuehuete" le pidió el anciano al pequeño, y así fue hecho. 

Bajo la sombra del protector coloso, el extranjero dio un alarido, y su cabeza muerta cayó sobre su propio hombro con los ojos muy abiertos. El niño se levantó de un salto, aterrorizado, pero no podía dejar de mirar al anciano, de cuya boca salió una poderosa y cegadora luz. 

"Úsil, no temas, pues no te haré daño. Por el contrario, deseo premiar tu bondad con este hombre en penuaria. He creado un obsequio para ti: úsalo para sanar a quienes más lo necesiten, para que no sucumban ante tremulosos dolores." 

En ese momento, la esfera de luz y el cielo se apagaron. El cuerpo del fallecido desapareció, y en su lugar emergió una flor amarilla. Úsil corrió a su hogar, aún temeroso, y le habló a su abuelo sobre lo que había sucedido.

"Debe estar disponible para quiénes más lo necesiten, Úsil. El rey no puede enterarse...tu padre podría agotarla intentando obtener juventud eterna". El pequeño obedeció, y la flor estuvo a salvo décadas, protegida de los animales por sus espinas, e invisible ante los ojos de los humanos por su simpleza. 

Incluso ante la muerte de su padre, Úsil mantuvo su palabra, aceptando el principio y el fin de los seres. 

Hasta que un día su hija Litza murió tras caer de un árbol. Úsil cortó una y otra vez, día tras día, la flor que emergía, y la untó en el rostro de la pequeña. El cuerpo de la pequeña seguía descomponiéndose, y el tiempo avanzando. 

El dictador del reino de las Secuoyas aprovechó la inestabilidad de Úsil, e invadió sus tierras. Los sabinos cayeron sin rey que los defendiera, pues su rey estaba arrodillado, untando flor sobre muerte, día tras día, hasta que los pétalos se volvieron ceniza entre sus dedos. 

La flor se agotó. Litza no despertó. El cuerpo de la pequeña siguió frío, y el tiempo, ese viejo cruel, siguió avanzando.

Al séptimo día, el dictador entró al cuarto. Esperaba hallar a un rey roto. Encontró a un padre. Úsil no alzó la espada. Alzo las manos vacías, llenas de espinas y de sangre seca. 

"Llévatelo todo", dijo. "Ya me lo quitó la vida antes que tú."

Lo arrastraron del cabello hasta el ahuehuete. Ahí, donde todo empezó, lo obligaron a cavar. "Para tu hija", se burló el dictador. "Para que tu magia inútil la acompañe".

Úsil cavó. Y al enterrar a Litza, enterró también la última espina de la flor, la que había guardado sin saber por qué. 

"Perdóname, abuelo", susurró a la tierra. "No entendí. El regalo no era para evitar el fin. Era para soportar el principio."

Esa noche, el dictador se proclamó rey de los Sabinos. A Úsil lo dejaron vivo como advertencia: un loco que hablaba con árboles. 

Pero la magia no obedece a dictadores. No brotó juventud eterna. No brotó un ejército. El ahuehuete reverdeció con su alimento.

Año tras año, Úsil se sentó bajo él. No salvó el reino con guerra. Lo salvó caminando entre su gente con las manos espinadas, curando fiebres, cerrando heridas, sosteniendo a madres que, como él, no entendían por qué.

Los sabinos, en agradecimiento, colgaban cintas amarillas en el ahuehuete cada invierno. "Para no olvidar que el amor no acaba", decían. 

Úsil murió anciano, solo. Su cabeza cayó sobre su propio hombro, igual que aquel viajero. De su boca no salió luz. Salió una última palabra: "Gracias."

Lo enterraron junto a Litza, bajo el coloso. Y esa noche, cincuenta inviernos después de la invasión, un niño sabinos con grilletes en los pies escapó y descansó exhausto, bajo su sombra.


sábado, 25 de abril de 2026

Tonalidades del adiós

Un cráter de la luna está sobresaliendo entre las baldosas, pero la única luz que ilumina apenas mi habitación es del patio del vecino.

Miro el suelo, miro el techo. 

¿Qué estoy tratando de encontrar?

No puedo dormir, no quiero hacerlo: sé que llegarán más pesadillas. 

Las lágrimas llegan, pero no salen. Supongo que al menos esa es una promesa que podré cumplir.

Despierto, y por primera vez en mucho tiempo no puedo levantarme.

Día de bajón, pésima idea agregar a The Smiths a la ecuación. 

Please, keep me in mind... parece una petición simple, inocente...parece casi nada, pero es pedirlo todo.

Pero, hey...logré preparar el desayuno y presentar exámenes.

Mientras mi mente esté ocupada con teorías psicológicas que aún no sé aplicar, en facturas, y en la apretada agenda de mi jefe, estoy a salvo.

Pero la nada llega con un anochecer sin nubes, con una luna incompleta, sin colores...

Mi mamá suele decir que cuando el atardecer está de color rosa es porque se respira mucho amor. 

¿Qué color tiene el amor que llegó a su fin? 

Sea cual sea, mi corazón y mi mente se sienten así...flotando, sabrá Dios dónde. Hoy no sé quién estuvo a cargo, ni cómo es que lo hizo, pero sobrevivimos un día más.

La música hace eco. La siento, pero no es un consuelo. Se siente como una caricia tan breve que no sabes cuándo empezó y cuándo terminó. 

El dolor se siente sordo, como un estornudo que te hace arder la nariz, pero no puedes dejar salir. Nunca había sentido uno así...siempre habían sido tormentas, huracanes que ardían en el pecho. Este dolor pesa y es quieto, es una lluvia silenciosa. 

"No llueve eternamente" eso dicen...

No creo que sea verdad, a veces sí que la tristeza es inconmensurable y no para de llover.




jueves, 23 de abril de 2026

Amarte en libertad

¿Cómo podría dejar ir lo más precioso que me ha pasado? 

La gente vive y muere, muchas veces sin haber conocido a una persona que la transforme, que le dé un giro de 180 grados a su vida ¿Realmente saben lo que mi pérdida significa? 

Sé que con mayor razón fue un privilegio el haberte conocido, y debo estar profundamente agradecida por todo lo que vivimos, porque no todos se cruzan en el camino con alguien como tú...

Pero te extraño.

Extraño caminar junto a tus pasos y sentir que el mundo está ahí para que nosotros lo exploremos y lo sanemos. Contigo me sentía más grande que los problemas, me sentía capaz de todo. 

Hoy sé que puedo sola con lo que el futuro traiga. Al menos sé que sobreviviré duela lo que duela. Pero ya no están mis ganas de comerme al mundo, mi inocencia, mi confianza en las personas.

Eras mi luz y sin ti me apagué. He intentado encender la mía propia y es un destellito frente al Sol que tú eras en mi vida.

Extraño tus chistes únicos y tu sonrisa, tu temple. Sé que siendo una persona tan rota te orillé a ser un adulto antes de tiempo, que no pudimos ser igual de jóvenes juntos y eso me duele. Me duele haber sido una carga en vez de tu novia, porque yo sí pude vivirlo plenamente como mi primer amor. 

Agradezco enormemente que hayas sido mi maestro en el amor y en todo, pero me duele que te merecías lo mejor de mí y no pude dartelo. Te merecías todo lo que me dabas multiplicado, pero yo no sabía qué hacer con tanto amor... nadie me había amado nunca así.

Extraño tu aroma, la sensación de tu abrazo. Extraño tu fortaleza y tu sensibilidad perfectamente equilibradas. Extraño lo bonito que se volvía el lugar más ordinario con tu presencia extraordinaria. 

Me duele que seas mi pasado porque fuiste la única persona que realmente esperaba que fuera mi futuro. Quería crecer a la par contigo, quería envejecer contigo. 

Quería seguir conociéndote, amandote, aprendiendo juntos.

Quería que estuvieras ahí en mi titulación y verte orgulloso de mí. Quería aplaudir todos y cada uno de tus logros. Quería enfrentar como equipo cada adversidad. 

Quería bailar contigo en nuestra propia sala, casarnos en la playa. Quería darte mis canas, mis momentos, hasta mi último aliento. 

Qué jodido haber aprendido a calmar mi mente ahora que quién más amo ya no está, haber aprendido de mis errores a quedarme, a cuidar, a pensar en los demás tan jodidamente tarde. ¿Cómo podría dejar de repasar nuestra historia sin querer cambiar tantas cosas? 

El examen ya pasó, y lo reprobé con la persona más importante de mi vida. Sané, pero la guerra ya terminó y con mi Capitán herido. ¿Cómo podría no estar enojada conmigo?

Pero se sigue tratando sólo de mí ¿verdad? Aunque ya no sea esa adolescente que actúa como niñita insoportable, aunque ya no esté desrregulada 24/7. Qué Starlight tan más cabeza dura con sus procesos tardíos, que Kaori tan maldita egoísta con sus cartas que llegan tarde. 

Ya no puede tratarse de mí porque sé que entre todos estos escombros, después de fallarte una y otra vez, lo único que realmente puedo hacer es dejarte tranquilo. 

Fingir que te dejé ir para que puedas realmente habitarte, habitar tu presente con todos los sueños que con tu esfuerzo y voluntad has construido. 

Sé que debería estar procesando todo esto sola, en silencio, sin molestar a nadie. Pero las palabras y sentir que al menos alguien me lee voluntariamente es lo que me ha permitido no encerrarme en la emoción y dejar que me consuma. 

Egoísta, injusta, humanamente te extraño. 

Pero desde lo más profundo de mi amor por ti, te prometo aprender la última lección: amarte en libertad, honrar lo que fuimos, aceptar lo que el futuro tenga que ser. 

Le pido a Dios que mi presente se siga construyendo con tu recuerdo como mi guía, y que tu futuro sea cada día más hermoso

Porque tú más que nadie, mereces ser feliz. 



miércoles, 22 de abril de 2026

Un respiro

Después de la tormenta viene la calma, porque las nubes dejaron salir las lágrimas y el cielo se siente ligero. 

El cielo comprendió que no es necesario retenerla, la naturaleza del agua es fluir y transformarse. 

El aire sopla y el mundo se siente como un lugar más seguro en el que todo danza en perfecta armonía. 

Las guerras cesan y las heridas sanan...podemos aprender a vivir con cicatrices. 

El tiempo avanza, es cierto...pero trae consigo nueva música, nuevos colores. 

La gente vive apenas un respiro y está demasiado tiempo muerta. La gente viene y se va...pero su marca queda en las constelaciones de mi mente. 

La lista de cosas por hacer crece, sólo algunas las palomeo porque, o bien ya las complete, o mi cuerpo y mi energía ya no dan para eso...pero está bien. 

Estoy habitando este momento que es único y perfecto, estoy respirando, sintiendo. Este instante me está sosteniendo. 

Estoy plenamente conmigo, y con todo.

No siempre es la vie en rose, pero siempre, siempre: la vie est belle.  




lunes, 20 de abril de 2026

Honro el dolor y la esperanza

Mamá, nunca te he rechazado ni a ti ni a tu amor.

Diferenciarme de ti no nace del rechazo, sino de la autoaceptación. Abrazo todo lo que compartimos, pero también busco mi propia voz.  

Antes, creía que así papá me rechazaría menos, o que alguien como él me amaría. Ahora, ya no necesito que él me ame; solo quiero ser mi propia fuente, sentirme capaz de sobrevivir por mi cuenta.  

Me negué a comer porque me sentía atrapada en una deuda impagable contigo: sentía que no tenía derecho a existir, que te había robado miles de oportunidades de ser feliz.  

Hoy entiendo que esa carga no es mía, que tus decisiones fueron tuyas.  

Ya no quiero volver a pasar hambre, mamá... ni torturar mi cuerpo con movimiento para sentirme digna de amor.  

Te quiero plena, y quiero sentirme con derecho a experimentar la vida también.  

Sin darme cuenta, el azúcar representó para mí tu ansiedad, tu miedo y la evasión de toda la soledad que viviste y que nadie supo ver. Me duele tu dolor: todo el abandono y la violencia que sufriste... me duele que la única fuente de ternura y dulzura que encontraste fueran las golosinas, que tu única compañía fueran tus juguetes.  

Pero hoy podemos escribir un presente y un futuro distintos. Ambas podemos ser diferentes, mejores.

Podemos tener un amor integral, que nos nutra para enfrentar el mundo. Ya no estás sola ni volverás a estarlo nunca. Ya no necesitas ganarte tu derecho a existir autocastigándote con cansancio.  

Yo también me he refugiado en el alimento. He tenido hambre de escucha, de validación, de sentirme vista, aceptada y amada también en las cosas en las que somos distintas.  

Pero sé que no estoy rota irreparablemente, ni soy culpable de estas cadenas pesadas que hemos arrastrado por generaciones.  

Puedo permitirme avanzar con compasión y perdón hacia ti y hacia mí, hacia nuestra historia. Es un camino doloroso, tortuoso... pero es real y nace del amor que te tengo.  

Mamá, daría lo que fuera por sanar a esa pequeñita que fuiste, pero solo tú puedes hacerlo. Deposito en tus manos tu derecho y responsabilidad de hacerte feliz.  

Te amo y te acepto por quien eres. Ya no importa que no hayas sido quien necesité que fueras...yo también le fallé a mi bebé. 

Te amo por ser mi mamá, y te amo respetando quién fuiste y eres fuera de ese rol.  

No tenemos que sanar solas: podemos ser niñas juntas comiendo donas y cantando sin culpa, y también mujeres cuidando de nosotras mismas.  

Mamá, te perdono por invadir mi estómago, mi camino y mi identidad.  

Te pido que me perdones por juzgarte, por herirte y por culparte de cosas que ahora son mi responsabilidad.  

Por favor, alivia este vacío... ámame por quien soy: con mi grunge atormentado que me libera, con mis verduras llenando el refri, con mis amistades que no te agradan, con mis errores infinitos.  

Porque está bien ser imperfecta; porque hay un valor profundo en mí más allá de la apariencia de mi cuerpo, de mis conductas o de mis errores.  

Estoy gestando la fuerza para cuidar mi cuerpo y mi alma desde el amor, no desde el castigo.  

Mamá, mi primer recuerdo es de ti alimentándome, y agradezco que, aunque no fui planeada, me has amado imperfecta e inmensamente.  

Espero que mi último recuerdo sea cuidando y sosteniendo la vida desde mi propia manera, con el dolor descansando en paz, avivando esperanza y libertad. 

Un puente entre la memoria y la promesa

 

Soñé contigo. 
La vida volvía a darme una segunda oportunidad, y otra vez fracasaba en protegerte. 
Sé que donde quiera que estés, estás en paz: ya sin dolor, sin miedo...seguramente bien acompañada por Lady y abuelita. Sé que muy posiblemente te sientas en paz con la vida que tuviste, con tu familia, conmigo...pero yo aún no consigo perdonarme por haber fracasado en lo que más importaba: la promesa que te hice de que nadie nunca te haría daño.
Me siento llena de odio hacia ese hombre, y también hacia mí misma por exponerte a lo que prometí que alguien a mi cuidado jamás viviría. Sé que quizás tenía que ser así...que si todos tenemos una misión en esta vida, quizás la tuya era ayudarme a perdonar y a no juzgar tan duro a mis padres. Pero te pienso tan pequeña, tan bonita, tan frágil...y las razones no me bastan, me arden los ojos, me pesa el pecho. 
Ya no estás.
No puedo volver atrás y hacer todo diferente. No puedo compensarte todo el dolor y el miedo con amor y cuidados. Sigues siendo tú la que me enseña, la que me cuida, la que me ilumina la piel con arcoíris. 
Lo único que me queda es abrazarme a tu recuerdo y a la promesa que aún puedo cumplir: no volver a permitir el daño, ni a dañar indirectamente, a ningún otro animalito. 
Pero me haces falta, mi pequeña.
Tal vez te volviste más y más sosegada dejando atrás tu característico ladrido, para que me fuera acostumbrando a que más adelante me ibas a acompañar de la forma más silenciosa del mundo. O tal vez era tu manera de decirme que tu vida se estaba apagando, que querías descansar.
Perdóname si no supe dejarte ir a tiempo. Quería estar lista para ello, pero jamás lo habría estado. 
Perdóname por no tranquilizarte cuando entró la aguja, por esconderme en esa esquina. En verdad quería ser un apoyo, ser tu mamá por una última vez, pero no pude. Fue una realidad que no soporté ver y que aún teniendo tu cuerpecito inerte en mis brazos no pude aceptar.
Perdóname si tú querías reposar en un campo de flores. Fui egoísta una vez más al querer sostenerte, y mi castigo fue recibir la frialdad de la urna.
Ni siquiera sé si entiendes de palabras, pero el lenguaje de miradas que compartíamos ya no existe, y necesito decirte: Hanna, te amo y te extraño. Lamento no haberme convertido en la mamá que merecías, pero prometo convertirme en la persona tan increíble que tú creías que era. 

sábado, 18 de abril de 2026

Meet me in Montauk

Hoy es una de esas noches en las que estoy cansada de la filosofía, de lo abstracto. Echo de menos lo sencilla que se respiraba la vida a tu lado.
Echo de menos tus locuras creativas, que implicaban disfraces de dinosaurio y mordidas de ardilla; verte jugar con Hanna, y nuestros besos bajo la lluvia.

Echo de menos tu risa y mi risa juntas; bailar y cantar juntos libremente en la cocina; hacer el amor en el lugar más incómodo y exótico que se te ocurra; descifrar las nubes.

Hoy es una de esas noches en las que no me basta tenerte de símbolo: mi cuerpo te reclama. Necesito tus abrazos, tus besos, recostarme en tu pecho... tu presencia que me calma y me enciende a la vez. Necesito mirarte y mirarte, acariciarte hasta que pierdas el control; dormir con el mayor cuidado porque sé que tu sueño es frágil, pero despertar sabiendo que, aun así, estarás a mi lado.

Extraño tener el pretexto de hacerte cosquillas para tocarte, aun sabiendo que no te da risa. Extraño que me piques las costillas y nuestro competitivo juego de demostrar quién amaba más al otro.

Extraño cómo respirabas profundo para no perder la paciencia y desahogabas todas tus ganas de darme un sape diciéndome en voz queda: “Usted no aprende”. Extraño los tiempos en los que no te había hecho daño y creías en mí.

Quisiera preguntarte si tu color favorito sigue siendo el rojo y si los Beatles te siguen pareciendo sobrevalorados... pero ya no estás.

Escucho el soundtrack de Genshin Impact y veo los animes que solían gustarte, pero ya ni siquiera sé si aún disfrutas de ellos... porque ya no estás.

Te persigno con el pensamiento y le pido a Dios por tu bienestar, pero no sé si aún crees en él o si su relación se volvió complicada.

Hoy es una de esas noches en las que, si fuera más joven y mi conteo de errores fuera menor, me atrevería a ceder al impulso y te llamaría.

Me atrevería y te pediría que nos larguemos a cualquier pueblito cercano en tu motocicleta; alquilemos cualquier habitación y ordenemos una tonelada de hamburguesas y alitas... mandar por una noche al caño mi feminismo, mis intentos vegetarianos, mis miedos a salir herida.

Te pediría que me mires como solías hacerlo y que acaricies mi piel como si aún me tuvieras memorizada centímetro a centímetro.

Te pediría que nos pongamos al día sobre todo: saber lo que piensas y lo que sientes; preguntarte qué te pareció Japón y cómo fue aprender a manejar; escuchar tus quejas y anécdotas sobre tus alumnos pubertos. Quisiera saber todo lo que te atrevieras a contarme y tener más pequeñas cosas en las que encontrarte, para extrañarte menos.

Te pediría que, sólo por unas horas, olvidemos lo que dolió; que juguemos a que somos los tú y yo de un universo donde estábamos menos rotos e hicimos todo bien. Pero sé que tal vez ambos sentiríamos que nos estamos traicionando a nosotros mismos... yo por recibir menos de lo que aspiro, tú por perdonar lo imperdonable.

Sé que no es un buen momento para hablarlo. Sé que estás logrando tus sueños, que yo me estoy buscando... pero, simple y sencillamente, te extraño.

Sé que es egoísta hacértelo saber, pero siento la necesidad de decirlo aun si ya no me lees, aun si para ti formo parte de un pasado sepultado.

Te entrego mis palabras como ofrenda, no como cadena. Que sean luz para ti y libertad para mí.

Está bien si has seguido adelante, puedo entenderlo. Lo que más me importa es que estés bien, que seas feliz... porque, simple y sencillamente

Te sigo amando...aunque ya no estés.



viernes, 17 de abril de 2026

Un propósito para el tiempo que huye


"Tiempo, detente muchos años", solemos suplicar, porque es más fácil que hacer un buen uso de él.

Creo que suele pasarnos como a los personajes de Juan Villoro en *El té de tornillo del profesor Zíper*: vivimos inmersos en un instante, y cuando salimos de ese bucle y volvemos en sí... ya han pasado décadas. Nuestro cuerpo envejeció, muchas oportunidades se fueron, y cada vez el mundo es un lugar más extraño sin las personas que solíamos conocer.

"Mirando más allá de las cenizas, de los puentes resplandecientes detrás de nosotros... un vistazo de cuán verde era." Mason y Gilmour plasman cómo la juventud se ha ido en un parpadeo: cerraste los ojos en el transporte público por un momento y ahora estás en medio de la carretera, muy lejos de tu destino. Sabes dónde debiste bajar, pero no hay tiempo para arrepentimientos: ahora debes averiguar a dónde puedes ir.

"El Sol es el mismo de alguna manera relativa; pero eres mayor, te falta el aire... y estás un día más cerca de la muerte." Porque entre trivialidades y pasividad estuvimos esperando a que alguien nos indicara el camino a seguir, un pistolazo de salida... cuando en realidad la señal siempre fue el tic tac del reloj.

Elisabeth Kübler-Ross sostiene que no es posible morir bien sin haber vivido bien; y que, si amamos y somos amados de la mejor manera, entonces la muerte no tendría por qué atemorizarnos: no significaría nada. El amor es capaz de anular a la muerte como la conocemos, como final. La podríamos concebir como una mudanza o una migración, y a nuestros seres amados en una lejanía muy cercana.

Toda mi vida he pensado mucho en la muerte.

La odié a los siete años, con su representación de calaca encapuchada, cortando con su guadaña el hilo de vida de Girard, mi compañero de clases. La deseé a los diecisiete porque parecía la única salida a mi dolor.

Hoy intento aprender a aceptarla tal y como es: grotesca, violenta, determinante.

Leer sobre sus bondades descritas por Saramago me hizo entenderla como sumamente necesaria, parte del equilibrio... pero aún la temo.

Temo que no haya nada más al otro lado.

Temo al dolor, porque solo los de la clase alta tienen el privilegio de marcharse sin agonizar.

Temo al olvido, a la insignificancia.

Y me aferro a la única verdad que me consuela: el amor es trascendencia.

La muerte puede arrasar transformando todo, pero el amor perdura siempre en un rinconcito del universo.

La única inversión real del tiempo es amar: a las personas, a la naturaleza, al arte. Amar desde la concepción de Erich Fromm: amar respetando, comprendiendo, perdonando, cuidando, creando.

Porque donde el tiempo fluye, la muerte marchita, pero el amor encuentra siempre dónde florecer.

jueves, 16 de abril de 2026

Humanidad en construcción

Qué difícil es cambiarse a uno mismo...especialmente porque el primer paso para hacerlo es reconocer que somos la única materia moldeable bajo nuestras manos (y ni siquiera somos materia prima, ya nos han manufacturado previamente todas las instituciones de la sociedad). El primer paso para cambiar implica negociar con las huellas que otros marcaron en nuestro lienzo sin permiso.

La rabia de mi adolescencia y la rebeldía de mi juventud me hicieron creer que podía cambiar al mundo, quien además era el enemigo. Pero hoy caí en cuenta de lo mucho que me miento a mí misma, de lo molesto que es mi discurso porque se siente vacío y artificial cuando ni siquiera yo misma trato de modificar lo que tanto juzgo. Carl Rogers se mostraría comprensivo... yo ya lo señalo desde el hartazgo. 

Hablo de paz mundial, pero vivo en guerra conmigo misma...me exaspero por nimiedades, pierdo el control cuando me enojo y mis palabras hieren. Puedo destruir, pero no sé qué hacer cuando me toca reconstruir. 

Le prometo a Hanna cada día dejar la carne, contaminar menos...sólo para al final ceder al impulso, y reiniciar las promesas y pretextos al día siguiente para seguir posponiendo.

Me digo que mis sueños serán mi prioridad, pero la guitarra continúa acumulando polvo bajo las cuerdas, el teclado sigue en su rincón silencioso. Sigo esperando la aprobación y el reconocimiento para siquiera empezar cuando en el fondo sé que nunca se trató de eso.

Me miento diciendo que hago algo por Gaza en mis intentos de boicot, en cosas simples como dejar de usar YouTube o comprar ciertos productos...pero no me atrevo a dar saltos reales, como denunciar que el vecino de la casa de atrás golpea a su pareja y a su mascota. 

My Chemical Romance tenía razón cuando dijo: "Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere morir" y ni siquiera me refiero al "morir" en un sentido de suicidio heroico (Erich Fromm aclara que el amor propio es autopreservación de la especie); me refiero a dejar morir al viejo Yo. 

Por eso me prometo seguir intentando matarlo en la cotidianeidad: cada vez que elija no repetir el mismo patrón, cada que sostenga un límite sin herir, cada vez que frene al impulso para ir tras un acto consciente.  

Aspiro a salir de mi manufacturación y mi sistematización, porque el mundo no mejorará con discursos cómodos desde el sofá sino con revolución encarnada.

Necesito salir del estadio de espejos e insights: el cambio es real hasta que es tangible e impacta en los demás. 

No abandonaré la lucha por ser coherente. 

Quiero ser autoanálisis en movimiento.

Quiero ser realmente humana.




martes, 14 de abril de 2026

Fade out

Nunca quise ser tu musa, quería usar mi propia voz.
No tu fan ni tu staff, sino tu colega: cada uno con el lente en lo que amaba.

Pero mis sueños siempre te parecieron poca cosa.
Te fascinaba la asimetría:  tú en el escenario, bañado por reflectores; y yo abajo, empapada en la lluvia.

Cada vez que intenté crecer, me hiciste sentir que sólo podía quedarme si me hacía pequeña.

Nunca quise robarte protagonismo, sólo cantar al unísono...reír con la música, sin que me señalaras desentonada.
Quise que mis fotos captaran mi mundo, pero tú ocupaste todo el encuadre.

Tardé en entenderlo, incluso después de confiarte mi herida más profunda. La convertiste en película: mi historia narrada con tu guion, dirigida por tu mano, protagonizada por tu ego. Gracias por dejarme ser un personaje terciario.

Te conté dónde estaban mis cicatrices, no para que las buscaras, pero las tomaste como mapa del tesoro. Excavaste en ellas, porque “la trama necesitaba drama”. Yo no quería ser parte de tu elenco.

¿Cómo pedirme amistad después de eso?
Quédate con las fotos, con los recuerdos.
No sé si significan algo si todo fue desde siempre puesta en escena.

No fui perfecta, también te herí… pero di lo que tenía desde un lugar honesto.
El amor unilateral no sobrevive a los daños.
No puedo ser tu amiga, porque incluso desde ese rol me mirarías como tu espectadora, hacia abajo.

Hemos dejado de andar por el mismo camino desde hace mucho, desde que elegí el mío.
El camino compartido nos llevaba al acantilado.
Tal vez sanamos cosas, o tal vez sólo reforzamos lo que dolía.
Pero tuve suficiente de aprendizajes y de excusas: necesito paz.

No puedo ser tu amiga, porque no volveré a traicionarme para encajar en tu narrativa. 

No quiero canciones ni disculpas.

He apagado las luces.

He cerrado el telón. 

Para quedarme conmigo. 

domingo, 12 de abril de 2026

El Maestro del Alma

Ahora que te he encontrado, puedo dejarte en libertad…pero eso es muy diferente a dejarte ir, amor.

Sé que quizás no debería llamarte así, que si aún me lees no te haga sentir del todo cómodo…pero ¿Te imaginas buscar algo abstracto toda tu vida, y por fin encontrarlo en materia, en un ser? Me es imposible separarte de esa palabra.

Amigos y enemigos me dicen que te deje ir, que te saque de mi mente. Les parezco una versión moderna de la loca en el muelle de San Blas, viviendo de ilusiones, esperando un barco que nunca llegará. Pero no entienden que el fin último de todo esto, más allá de estar juntos o no, es conocerte y reconocerte.

No entienden que conservar y mirar tus fotografías no es porque no aprecie toda la belleza mi presente, sino que es para jamás olvidar la autenticidad de tu rostro, tu mirada, tu risa. Es para decirle a mi alma: "Aprende bien, recuerda: en las siguientes vidas tienes que encontrarlo".

No saben que mi mayor miedo es perderte del todo. Que hace dos semanas te soñé bajo un atardecer púrpura, pleno...amado por una chica de ojos celestes que te miraba como yo lo hago, y que tú mirabas como solías mirarme a mí. Desperté con el corazón triste y aliviado a la vez, estrujado pero alegre de reconocer una verdad bondadosa de este mundo: siempre serás amado genuina y profundamente.

Ellos no saben que las verdaderas pesadillas, las peores entre todas las que he tenido desde que tengo memoria, han sido cuando he soñado tu muerte: hace cinco años, autoinducida con una soga; hace nueve meses, por un maldito fuego; y hoy en tu camioneta. Fueron sueños en los que eras fantasma, pero yo no era nada. Tu alma seguía intacta pese al daño a tu cuerpo perfecto, pero mi alma nadaba quién sabe dónde, catatónica...flotando sin dirección, fuera de lo que quedaba de mí: una simple envoltura inservible.

 Nunca ha sido una obsesión por poseerte, sino por entenderte a detalle...porque quisiera ser como tú, porque quisiera, si soy honesta, que la mitad de la población fuera aunque sea un poquito como tú. Entenderte, para nunca volver a juzgarte ni a idealizarte. Entenderte para amarte en libertad, porque no hay amor verdadero sin libertad, ni libertad verdadera sin amor. 

Entenderte y así poder encontrarte, más allá de nuestros miedos, de nuestro orgullo, de las palabras que a veces no nos alcanzan o que nos separan aún más. Encontrarte y amarte más allá del tiempo y del espacio, más allá de las partículas que nos conforman...en el eco de lo sagrado y lo eterno. 

Entenderte, encontrarte, y amarte...porque sé que desde siempre tú has sido mi primer maestro para amar a todo lo demás.


jueves, 9 de abril de 2026

La justicia no es cruel


 Exiges comprensión, pero tú no estás dispuesta a mirar más allá de lo que tú sientes, de lo que a ti te duele.

Cuando te acercaste creí que era genuino, que querías rescatar lo que tuvimos. Pero sólo me quieres como una ficha más en tu tablero, sólo quieres estudiarme para entenderte más a ti misma. Bien por ti y por tu sanación, pero al carajo: soy un ser humano, ya no voy a ser tu mascota como tantos años lo he sido ni mucho menos tu conejillo de indias. 

Nunca debí vulnerarme contigo. Y nunca debí volver a confiar después de que usaste todo lo que sabías para lastimarme una y otra vez. No me importa cuánto sabes sobre mi historia, nunca la comprenderás del todo porque no la viviste desde mis zapatos y no tienes derecho a juzgarme ni a reprocharme lo que pude haber hecho diferente. Hice lo mejor que pude con todo el daño que me hiciste. 

He sido una mala hermana, también te he herido y lo tengo presente. Pero la diferencia es que yo no te exijo más de lo que puedes dar ni te martirizo con tus errores ni te removería con fuego las heridas sólo porque sé dónde las tienes. 

Ya no voy a permitir que sigas usando la culpa para manipularme. Ya tengo suficiente con ser mi propio juez y verdugo, con haber dañado y perdido al amor más puro que ha existido.

No me interesa tu perdón. Eso lo necesitas tú.

Me prometo a mí misma no volver a confiar en ti porque eres cruel.

Sí, ellos nos fallaron desde su egoísmo, desde su cobardía que no los ha dejado verse a sí mismos para intentar sanar. Devuélveles la responsabilidad y no me cargues encima sus errores, no me culpes por las diferencias que hicieron. Yo no elegí ser "la niña dorada", nunca he querido serlo. Yo sólo quería ser la niña traviesa, ruidosa y alegre sin que me compararán con tu supuesta perfección. Yo no quería imitar tu dolor, yo no quería apagarme, yo no quería repetir tus patrones violentos con la gente que amaba ni dejar que me lastimaran. 

A ellos puedo perdonarlos porque cada día intentan hacer menos daño, aunque no seas capaz de verlo en tu mirada cuadrada.

Pero tú sabes que lastimas, y lo haces intencionadamente llamándolo "justicia", desde tu superioridad moral.

No me pidas que confíe en ti.

Ya no puedo.

miércoles, 8 de abril de 2026

Atentamente, Lady Bird

Trato de no verlo, pero aún así no puedo evitar sentirlo: tu forma de amar es dulce, pero invade mis pulmones y siento que no puedo respirar nada más.

Me hace sentir que tengo que ser perfecta, como tú...que tengo que vestir como tú, pensar como tú, amar como tú. Y ya no puedo, ya no quiero.

Sé que llegué justo en el momento en el que habías perdido a alguien más, pero no quiero vivir siempre bajo la sombra de su muerte. Quiero que cuando me mires veas vida en potencia, quiero que me veas a mí con las posibilidades que me quedan; no lo que pude ser.

Quisiera que me liberaras de la casita de chocolate sabiendo que mis pasos no tienen por qué llevarme lejos de ti...y que, aún si lo hicieran, eso no va a separarnos realmente. Estamos conectadas por algo mucho más grande, para siempre.

Quiero tu amor, siempre querré recibirlo...sólo necesito que confíes en que podré sobrevivir sin él. Nunca había necesitado tanto que alguien creyera en mí...pero ya no puedo seguir esperando a que tú lo hagas, porque puede que eso jamás pase. Tendré que ser yo quien crea en mí...no sé cómo, pero no tengo más opciones.

Voy a demostrarte que puedo.

Pero sólo quisiera que me aceptaras por quien soy hoy, 

sin querer cambiarme las piezas como a una muñeca, sin querer moldearme como a un postre. 

Sólo quisiera que estuvieras orgullosa de mí, 

de esta versión incompleta, aprendiendo, viviendo a su manera

volando con alas imperfectas hacia el bosque.



domingo, 5 de abril de 2026

Fueki ryūkō

Las calles que recorrimos se están erosionando.

Murales van y vienen, negocios crecen y desfallecen.

El actual inquilino de la casa en la que vivías con tu familia tiene un gusto pésimo en autos.

Tampoco he vuelto a ver al señor que nos vendía frutas, aquel que seguía preguntándome por ti...aquel al que los ojos cansados se le iluminaban cuando le decía que te seguía amando. Tal vez se inspiró, dejó la ciudad y buscó a su primer amor. 

Un poco más vieja y un poco más sabia, aquí estoy otra vez.

Pero ese parquecito al final de la calle Cerezo, donde trataste enseñarme a andar en bici, luce igual de hermoso que cuando teníamos dieciseis. Las jacarandas, las buganvilias y las lantanas están en armonía. 

Podría considerarse masoquismo, o un acto rayando en lo obsesivo...pero no quiero olvidar. Y sé que cualquiera haría lo mismo en mi situación, visitar y revisitar los momentos en los que fue más feliz. Encapsular en resina una flor que cambia y cambia, pero nunca se marchita, parece innecesario...lo sé.  

No espero que nadie lo entienda. 

No te pido que tú también te aferres a los recuerdos. Tal vez hoy tienes mejores. Pero para mí...estos son los míos.

Para mí es seguirte sintiendo cerca cuando más te echo de menos.

"Te sentiré

Te veré 

Te escucharé

Después del silencio."

Fue verdad: todo cambia, pero tú permaneces.



miércoles, 1 de abril de 2026

Primer acto de amor

 

Y como primer acto de amor, 
amor genuino, 
te miré y te entendí.

Entendí que más que un astro
más que un símbolo,
eres un ser humano completo
vasto y bello en su complejidad, 
con sus matices, 
con sus errores y aciertos.

Entendí por qué me dijiste 
que te habías sentido juzgado por mí:
que en un intento de enmendar lo que hice mal, 
me he empeñado en ser un ideal moral,
y en medir desde ese imposible también a otros.

Entendí que tienes todo el derecho a ser humano
a tomar tus propias decisiones, 
a andar tu propio camino,
a tener tus propios anhelos y miedos, 
a ser dueño de ti.

Vi tus heridas,
y sentí rabia con el mundo
y sobre todo, conmigo.
Porque quisiera volver atrás a ese momento
en el que te hicieron esa cicatriz en el brazo
y evitarlo.
Quisiera volver al momento 
en que lastimaron a tu pececito
ese emblema de tu inocencia,
y protegerlo.

Quisiera haber estado 
en cada uno de los momentos en los que te sentiste 
solo, 
incomprendido, 
abandonado y rechazado.
Y quisiera especialmente 
no haber sido yo la causa de ese dolor.

Podría pasar toda la vida coleccionando hubieras,
repasando errores,
remarcándolos con fuego en mi propia piel,
pero hoy decido mirar tus cicatrices,
y dejar de huir a las realidades alternas,
mirar tus heridas, aunque duela. 

Hoy miro tus heridas
y decido aceptar 
que tengas miedo de que la persona que te hirió de muerte
sea quien las limpie,
que no quieras, ni creas, que pueda curarlas.

Hoy te miro, amor
miro en mi memoria tus ojitos heridos
miro tu corazón lastimado
y los miro con respeto, 
porque jamás se volvieron de piedra.
Miro tu corazón vendado,
tus ojos inefables,
sin desear enjaularlos
sin pretender obligarlos a fingir que no pasó nada, amor.

Te herí, 
y tienes derecho a estar herido,
a desconfiar, 
a sentir enojo, 
a sentir miedo.

Te herí, 
y aunque quisiera todos los días
inventarme mil nuevas maneras
de darte alegrías,
hoy entendí que esto no va de mí:
con mi culpa tengo que lidiar yo, 
el perdón me lo tengo que dar yo.
Es justo que necesites tenerme lejos,
tus procesos son sólo tuyos.

Exigirte amor y perdón,
cuando tú ya dejaste implícito tu nombre en esas palabras;
exigirte que vuelvas,
cuando mereces habitar los espacios y los momentos 
que llenen tu corazón;
exigirte mi resurrección con tu elección,
cuando soy yo la que tiene que elegirse y reinventarse;
eso sólo lo hace mi ego.

Hoy me miré a mí también,
miré mi alma,
esa que te ama 
desde el amor puro que tú le enseñaste
y entendí que mi prioridad,
la prioridad,
es que tú estés bien,
a tu tiempo,
a tu ritmo,
a tu manera. 

Hoy te miré,
te miré de verás.
Miré tu inmensa de capacidad 
de ser fuerte sin ser duro, 
de ser valiente aún con miedo,
y confío en que podrás 
ser genuinamente feliz
sin importar las vicisitudes de la vida.

Porque eres el Conde de Montecristo
recuperando su libertad,
eres el Sol rebelde
 emergiendo entre las nubes de tormenta.
 
Porque hoy
como primer acto de amor genuino,
te miré de verás
sabiendo que siempre serás amado,
por mí y por muchas personas más,
por ti mismo,
y encontrarás tu camino
cualquiera que sea. 

Como primer acto de amor
me arranqué
los celos,
los miedos,
las culpas
la necesidad de que me elijas...
todo lo que me ataba a mí, 
y me alejaba aún más de ti.

Y me di cuenta 
de que tú 
fuiste más que mi más bella serendipia:
Tú eres el creador de serendipias. 
 






 


Everything I wanted: my future

  Dejé de ser bienvenida en todas partes, y sentí que me devoró la noche.  Mis sombras corrían detrás de mí, acechantes. Intenté colarme por...