Qué difícil es cambiarse a uno mismo...especialmente porque el primer paso para hacerlo es reconocer que somos la única materia moldeable bajo nuestras manos (y ni siquiera somos materia prima, ya nos han manufacturado previamente todas las instituciones de la sociedad). El primer paso para cambiar implica negociar con las huellas que otros marcaron en nuestro lienzo sin permiso.
La rabia de mi adolescencia y la rebeldía de mi juventud me hicieron creer que podía cambiar al mundo, quien además era el enemigo. Pero hoy caí en cuenta de lo mucho que me miento a mí misma, de lo molesto que es mi discurso porque se siente vacío y artificial cuando ni siquiera yo misma trato de modificar lo que tanto juzgo. Carl Rogers se mostraría comprensivo... yo ya lo señalo desde el hartazgo.
Hablo de paz mundial, pero vivo en guerra conmigo misma...me exaspero por nimiedades, pierdo el control cuando me enojo y mis palabras hieren. Puedo destruir, pero no sé qué hacer cuando me toca reconstruir.
Le prometo a Hanna cada día dejar la carne, contaminar menos...sólo para al final ceder al impulso, y reiniciar las promesas y pretextos al día siguiente para seguir posponiendo.
Me digo que mis sueños serán mi prioridad, pero la guitarra continúa acumulando polvo bajo las cuerdas, el teclado sigue en su rincón silencioso. Sigo esperando la aprobación y el reconocimiento para siquiera empezar cuando en el fondo sé que nunca se trató de eso.
Me miento diciendo que hago algo por Gaza en mis intentos de boicot, en cosas simples como dejar de usar YouTube o comprar ciertos productos...pero no me atrevo a dar saltos reales, como denunciar que el vecino de la casa de atrás golpea a su pareja y a su mascota.
My Chemical Romance tenía razón cuando dijo: "Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie quiere morir" y ni siquiera me refiero al "morir" en un sentido de suicidio heroico (Erich Fromm aclara que el amor propio es autopreservación de la especie); me refiero a dejar morir al viejo Yo.
Por eso me prometo seguir intentando matarlo en la cotidianeidad: cada vez que elija no repetir el mismo patrón, cada que sostenga un límite sin herir, cada vez que frene al impulso para ir tras un acto consciente.
Aspiro a salir de mi manufacturación y mi sistematización, porque el mundo no mejorará con discursos cómodos desde el sofá sino con revolución encarnada.
Necesito salir del estadio de espejos e insights: el cambio es real hasta que es tangible e impacta en los demás.
No abandonaré la lucha por ser coherente.
Quiero ser autoanálisis en movimiento.
Quiero ser realmente humana.
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