Mamá, nunca te he rechazado ni a ti ni a tu amor.
Diferenciarme de ti no nace del rechazo, sino de la autoaceptación. Abrazo todo lo que compartimos, pero también busco mi propia voz.
Antes, creía que así papá me rechazaría menos, o que alguien como él me amaría. Ahora, ya no necesito que él me ame; solo quiero ser mi propia fuente, sentirme capaz de sobrevivir por mi cuenta.
Me negué a comer porque me sentía atrapada en una deuda impagable contigo: sentía que no tenía derecho a existir, que te había robado miles de oportunidades de ser feliz.
Hoy entiendo que esa carga no es mía, que tus decisiones fueron tuyas.
Ya no quiero volver a pasar hambre, mamá... ni torturar mi cuerpo con movimiento para sentirme digna de amor.
Te quiero plena, y quiero sentirme con derecho a experimentar la vida también.
Sin darme cuenta, el azúcar representó para mí tu ansiedad, tu miedo y la evasión de toda la soledad que viviste y que nadie supo ver. Me duele tu dolor: todo el abandono y la violencia que sufriste... me duele que la única fuente de ternura y dulzura que encontraste fueran las golosinas, que tu única compañía fueran tus juguetes.
Pero hoy podemos escribir un presente y un futuro distintos. Ambas podemos ser diferentes, mejores.
Podemos tener un amor integral, que nos nutra para enfrentar el mundo. Ya no estás sola ni volverás a estarlo nunca. Ya no necesitas ganarte tu derecho a existir autocastigándote con cansancio.
Yo también me he refugiado en el alimento. He tenido hambre de escucha, de validación, de sentirme vista, aceptada y amada también en las cosas en las que somos distintas.
Pero sé que no estoy rota irreparablemente, ni soy culpable de estas cadenas pesadas que hemos arrastrado por generaciones.
Puedo permitirme avanzar con compasión y perdón hacia ti y hacia mí, hacia nuestra historia. Es un camino doloroso, tortuoso... pero es real y nace del amor que te tengo.
Mamá, daría lo que fuera por sanar a esa pequeñita que fuiste, pero solo tú puedes hacerlo. Deposito en tus manos tu derecho y responsabilidad de hacerte feliz.
Te amo y te acepto por quien eres. Ya no importa que no hayas sido quien necesité que fueras...yo también le fallé a mi bebé.
Te amo por ser mi mamá, y te amo respetando quién fuiste y eres fuera de ese rol.
No tenemos que sanar solas: podemos ser niñas juntas comiendo donas y cantando sin culpa, y también mujeres cuidando de nosotras mismas.
Mamá, te perdono por invadir mi estómago, mi camino y mi identidad.
Te pido que me perdones por juzgarte, por herirte y por culparte de cosas que ahora son mi responsabilidad.
Por favor, alivia este vacío... ámame por quien soy: con mi grunge atormentado que me libera, con mis verduras llenando el refri, con mis amistades que no te agradan, con mis errores infinitos.
Porque está bien ser imperfecta; porque hay un valor profundo en mí más allá de la apariencia de mi cuerpo, de mis conductas o de mis errores.
Estoy gestando la fuerza para cuidar mi cuerpo y mi alma desde el amor, no desde el castigo.
Mamá, mi primer recuerdo es de ti alimentándome, y agradezco que, aunque no fui planeada, me has amado imperfecta e inmensamente.
Espero que mi último recuerdo sea cuidando y sosteniendo la vida desde mi propia manera, con el dolor descansando en paz, avivando esperanza y libertad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario