Las calles que recorrimos se están erosionando.
Murales van y vienen, negocios crecen y desfallecen.
El actual inquilino de la casa en la que vivías con tu familia tiene un gusto pésimo en autos.
Tampoco he vuelto a ver al señor que nos vendía frutas, aquel que seguía preguntándome por ti...aquel al que los ojos cansados se le iluminaban cuando le decía que te seguía amando. Tal vez se inspiró, dejó la ciudad y buscó a su primer amor.
Un poco más vieja y un poco más sabia, aquí estoy otra vez.
Pero ese parquecito al final de la calle Cerezo, donde trataste enseñarme a andar en bici, luce igual de hermoso que cuando teníamos dieciseis. Las jacarandas, las buganvilias y las lantanas están en armonía.
Podría considerarse masoquismo, o un acto rayando en lo obsesivo...pero no quiero olvidar. Y sé que cualquiera haría lo mismo en mi situación, visitar y revisitar los momentos en los que fue más feliz. Encapsular en resina una flor que cambia y cambia, pero nunca se marchita, parece innecesario...lo sé.
No espero que nadie lo entienda.
No te pido que tú también te aferres a los recuerdos. Tal vez hoy tienes mejores. Pero para mí...estos son los míos.
Para mí es seguirte sintiendo cerca cuando más te echo de menos.
"Te sentiré
Te veré
Te escucharé
Después del silencio."
Fue verdad: todo cambia, pero tú permaneces.
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