lunes, 20 de enero de 2025

Quiero ser libre



Si lograra despojarme de todos mis miedos, sé que no perdería un solo minuto de vida.  Cantaría a todo pulmón las líricas que me identifican, danzaría bajo la lluvia a la primera oportunidad.  Patinaría sobre las baldosas lustrosas de las tiendas departamentales: me daría igual ser echada porque nunca les compraría sus frivolidades, ni siquiera teniendo el dinero suficiente para hacerlo.  Iría al cine yo sola a ver los musicales que me den la gana, y pediría unas palomitas gigantes para acabármelas durante los anuncios.  Abrazaría  a cada persona de ojos tristes que se me atravesara en el camino, sin temor a que sea un depredador encubierto. Me metería a las fuentes del centro histórico y me llevaría todas las monedas para comprarle un helado al niño solitario de mi calle. Limpiaría el cuarto de mi hermana, aunque ella mienta diciendo que es feliz viviendo en su pantano.  Me metería a las plazas de toros y les gritaría con un vociferador que, por tradición o por elección, son unos asesinos cobardes y depravados. Me abalanzaría sobre mis sueños de una vez por todas: desempolvaría la guitarra, aporrearía el teclado, y escribiría muchas "canciones tontas de amor", porque si somos sinceros, nunca serán demasiadas.

Es verdad que paso más tiempo soñando que obrando. Yo sé que, si bien soñar es el comienzo y es cosa de valientes...ya es hora de despertar, de quitarme las telarañas del cerebro con los cochinos prejuicios que fueron tejidos ahí, de desenterrar los miedos que me guardaron en las entrañas para expulsarlos de una patada. 

Quiero ser libre, quiero ver el cielo en su plenitud, quiero asir los segundos y vivir. Por fin vivir.


 

viernes, 17 de enero de 2025

Estuve aquí


Es un rasgo muy humano el querer ser observados, deseados, amados. Parece un problema del ego ¿no es verdad? un problema antropocentrista potenciado por las redes sociales, un defecto a combatir.

Pero ¿Realmente existe otra forma de trascender, más que ser visto y nombrado, y por lo tanto, amado? Creo que seríamos más compasivos, menos juiciosos, si notáramos que incluso la frívola ambición esconde el deseo de ser amados, protegidos, guardados en la memoria.

Pasé muchos años en las sombras, en silencio. No quería molestar con mi presencia, sentía vergüenza y culpa por existir.

Recuerdo que en segundo de secundaria escribí una "acronía"...el profesor nos había puesto la consigna de escribir un texto en el que desarrolláramos qué habría pasado si hubiéramos hecho algo diferente. Ya había cometido varios errores para aquel entonces, pero decidí escribir sobre algo que no tuve voz ni voto: mi nacimiento. En mi texto y en mi imaginación de ese momento, mi familia habría tenido una vida perfecta de no haber nacido yo...hoy tengo mis dudas de que realmente pudo haber sido de esa manera, pero ese sentimiento de no pertenecer, de haber hurtado un turno para venir a esta montaña rusa medio descompuesta, prevalece en mí.

Hoy intento creer que sí, que sí hay un lugar para mí en esta elipse azul, que sí es mi turno de estar aquí un ratito. Tal vez me esté mintiendo a mí misma, pero ¿Ya qué más da si soy producto de una mala decisión, de un error biológico? 

Estoy aquí, respirando, ocupando un lugar en los espacios. Y sólo quiero vivir de verdad: me he pasado la primer década de mi vida sin ser consciente de mí misma, y la última década pensando en morir. Pasé de ser una niña corriendo en círculos detrás de una mariposa a ser una anciana prematura que sólo esperaba la llegada de la muerte.

Me digo a mí misma que es más importante cómo terminará a cómo empezó, que ya es tiempo de tomar las riendas de mis latidos y mis suspiros para ver a la muerte de frente, cuando sea el momento, e irme con el corazón tranquilo, sin equipaje innecesario. 

Estoy aquí, y quiero ser yo misma. Quiero ser más que un nombre inusual que se volvió común; más que mis errores resonando en mi cabeza y que las cicatrices que dejé en la piel de quienes amé mal; más que la mirada aventurera en unos ojos que cada día se irán apagando de a poco. 

Quiero ser un abrazo que no termina de sentirse, un aroma sutil que saca una sonrisa tímida, una palabra de consuelo que se quedó en el subconsciente mientras dormías. Quiero ser el ave que emprendió el vuelo con todo y las alas rotas, el perro callejero de dejó de gruñir y regaló su calor en las noches frías. Quiero ser refugio, aún cuando aparentemente me haya ido para siempre; quiero ser amor, para que cuando las personas duden de que existe, susurrarles: estuve aquí, estoy aquí.

  


martes, 14 de enero de 2025

El fantasma del altillo

Desde que te conozco, quizás desde siempre, has habitado en las nubes. Te gusta estar en tu propia cabeza, lejos del mundo y de lo mundano...lejos de lo que más te ha lastimado.
Yo era una niña y necesitaba de un adulto...por eso nunca pude ver a ese niño frágil y herido, que trataste de enterrar profundamente, pero que se asoma en tus ojos sin permiso. 
Hoy ya lo veo...ojalá supiera cómo ayudarlo.
Has sido una silueta en mi vida, no más que un nombre desdibujado, una silla vacía; pero ahora comprendo que no ha sido mi culpa: estás ausente también en tu propia vida. 
Duele tanto que has decidido abstraerte hasta de ti mismo.
Ojalá pudiera liberarte de tu pena, de tus cadenas...pero no sé cómo. Aún estando dispuesta a sumergirme en las oscuras profundidades, tú no me dejarás entrar, no me dejarás despertarte de tu estupor. 
Tu dolor fue tan intenso que ahora no sientes nada.
Quiero alcanzarte antes de que te esfumes, antes de que te desdibujes por completo. Quiero abrazarte, aunque mis brazos sólo rodeen el frío aire. 
Te lo suplico: déjame entrar. Déjame sostener contra mi pecho a ese niño asustado y decirle que no necesita ser un fantasma, yo puedo protegerlo de los espectros. 





sábado, 11 de enero de 2025

Falso Dios

 

Así como creí que la luna se movía por la propia rotación de la tierra, tu amor fue la fantasía que la acción del mío desprendía. Mi corazón tuvo que estar desangrado para verte tal cual eras. 

Fuiste un ensueño que en instantes se tornó en pesadilla: a mi casi etérea admiración respondiste con descarnada humillación.

Te alabé como mi Dios, pero sólo eras un peón dominado por una falsa grandeza. Construiste tu trono con heridas, tu reinado con mentiras, con las verdades que eran universales sólo en tu mente retorcida.

Te bajé de la cruz, besé tus muñecas heridas porque me prometiste amor eterno...pero en cambio, me condenaste a un calvario que hizo parecer el tuyo un sueño sereno. 

Dijiste que sería tu reina, pero sólo fui tu esclava con una corona de espinas. Me devolviste la vista sólo para cegarme con tus sombras. Me diste piernas sólo para que fuera detrás tuyo hasta que mis pies sangraran.

No fuiste mi salvador, fuiste mi verdugo, el peor embrujo: me prometiste un lugar en el reino de los cielos, pero sólo me hundiste en el más profundo averno.

No eres mi rey, no eres mi Dios. El sufrimiento no es expiación, el amor no es sacrificio. 

No quiero tu bendición; han pasado años, pero no te otorgo mi perdón. 

Espero en tu conciencia siempre cargues la depredación que hiciste conmigo.

jueves, 9 de enero de 2025

Miedo a la vida

A menudo siento que debo vivir con urgencia, que el tiempo me oprime, se me acaba; que debo tener todos mis asuntos en orden, decirle a las personas amadas que me perdonen, que las amo, y perdonar a quienes no he podido perdonar todavía, aunque diga lo contrario.

Quizás ese presentimiento de muerte es un rezago de mis antiguas costumbres, de la vida riesgosa e imprudente que llevaba, de mis tendencias suicidas. A ciencia cierta, no sé de dónde viene, pero me hace sentir tanto apresurada como aliviada: con la muerte acariciando los vellos de la nuca, ya no hay que preocuparse del crédito inmobiliario, de casarse antes de los 30, de titularse con honores. La muerte nos regala el sólo preocuparnos por lo realmente importante, por lo menos mundano: haber sido una buena persona y haber amado mucho, haber obrado hasta el final de la mejor manera posible.

Se habla mucho del miedo a la muerte, pero yo creo que no es tan difícil deshacerse de él, o por lo menos, de domarlo (hablando del miedo a la muerte propia y no de los seres amados, claro está). Para perderle miedo a morir basta con dos cosas: renunciar a la propia existencia (a todos los innumerables placeres que uno experimenta al estar vivo, y a la idea de ser recordado y amado) y perderle miedo al dolor físico. Una vez que has aceptado tu infinita irrelevancia en el mundo, hagas lo que hagas para que sea lo contrario, y una vez que has experimentado dolores que pusieron a prueba a tus umbrales, sabes que podrás recibir a la muerte como una desagradable pero ya anticipada visita.

De lo que casi nadie te habla es del miedo a la vida (su caos, sus azares, la buena y la mala suerte, el desamor, la enfermedad, las injusticias y las tragedias) y de las pocas herramientas que tenemos para enfrentar las adversidades, para vivir correctamente. Poco se habla del miedo que causa amar mal y lastimar, de tomar decisiones equivocadas que nos arrastren a nosotros y a los seres amados al infortunio, de estar tan lleno de preocupaciones irreales que nos impidan realmente ocuparnos de lo que nos compete. Casi nadie te dice cómo puedes aliviar el dolor de los seres, y mucho menos de cómo sobrellevar el hecho de no poder aliviarlo.

Por eso pienso tanto en la muerte, y pensaba tanto en el suicidio cuando era más joven: por cobardía. Solía molestarme mucho con los adultos mayores que me decían la trillada frase de "El suicidio es para los cobardes" porque creía que venía desde una ignorancia enorme, desde un prejuicio hacia un sufrimiento incurable que no podían ver ni entender; les decía que volarse los sesos, saltar de un veinteavo piso, encarar al tren o desgarrarse las venas requería mucho valor. Hoy creo que, al menos en mi caso, intenté morir porque estaba aterrada de sufrir más y encima por mis propias malas decisiones, estaba aterrada de ser blanco y a la vez causante de más sufrimiento en el mundo a causa de mi mal vivir; y que para intentar quitarme la vida lo que tuve no fue valor, si no una impulsividad imparable derivada de mi estado completamente alterado. 

Es difícil morir, es imposible hacerlo con dignidad y totalmente sin dolor. Quizás deberíamos empezar a aceptar que vivir es muy similar...el dolor en sus diversas formas estará con nosotros cada día de nuestras vidas, y actuar dignamente es un reto gigantesco, casi imposible de lograr, casi utópico, pero que aún así debemos intentarlo.


   



miércoles, 8 de enero de 2025

Youth

 

Que renazca la inocencia, que vuelva la ligereza en el cuerpo tras tanto cansancio. 
Que regrese el juego, ese que nos hacía olvidar si era tarde o temprano para tal o cual cosa tediosamente burocrática.
Que se enciendan luces fosforescentes en las miradas y el jazz nos traiga un cosquilleo en el estómago, ese tan similar a cuando nos hemos enamorado por primera vez.
Que la confianza se reestructure, que los fracasos sean como esos raspones de rodilla que arden sólo tantito, porque las ganas de seguir corriendo hacen que a uno se le olvide y siga adelante.
 Eso es todo lo que quiero: romper el reloj de arena para olvidar que el tiempo, mi tiempo, se va para no regresar. Quiero vivir con todas mis fuerzas, a lagrimones y a carcajadas, antes de que la vida se me vaya. 

martes, 7 de enero de 2025

Aquí y allá



Estás allá en el cielo y aquí en mi corazón; allá en mis recuerdos felices y aquí, en esta enorme pena. 

No soy la misma persona desde tu llegada, y mucho menos desde tu partida. Quisiera que al menos el recuerdo de nuestros juegos juntas y de tu alegría desbordante del día que te conocí, fuera más nítido que la imagen de tu cuerpo inerte en mis brazos. 

Sé que pude haber hecho más por ti desde el día uno hasta el día cero. Debí dormir todas las noches a tu lado en el suelo, debí acariciar tu cabeza hasta que te llegara la calma y el sueño en medio de toda tu confusión. Debí de llevarte más al bosque a que corrieras, cuando aún tenías fuerza para hacerlo; y a oler la hierba cuando tu olfato aún no fallaba. Debí quedarme tardes enteras a rascarte el lomito y la tripa, porque barriga no tuviste ni siquiera en tus mejores días. 

Hoy ya no estás. Ya no hay tiempo para sostenerte contra mi pecho, para jugar con tus orejas, para hacerte cosquillas en las huellitas. Hoy ya no estás, sacándome risas en medio del llanto en mis peores días, dándome una razón para levantarme todos los días.

Hoy vuelvo a preguntarme si hice lo correcto al dejarte ir. Entonces recuerdo tu mirada aquella tarde, tus ojitos cafés, casi negros, diciéndome que estabas muy cansada ya como para seguir. Y me queda sólo esperar que estés dónde estés, aquí o allá, me perdones por el miedo que sentiste con ese pinchazo, por todo el amor que me diste y que no alcancé a regresarte en la misma medida a causa de mi inmadurez, mi egoísmo...mi negación, creyendo que lo estaba haciendo todo muy bien contigo. Perdóname, mi pequeña.

Hoy sólo me queda darte las gracias una y otra vez, por tu amor eterno e incondicional; por seguir conmigo, aunque estés a la vez

 aquí y allá.


lunes, 6 de enero de 2025

Viva la vida

 





La belleza está en los ojos de quien la mira
en la brisa que acaricia,en la sonrisa amiga. 
Soy una eterna agradecida por el milagro de la vida, una irremediable amante de ella.
He llorado mucho, pero he reído más: mis padres cuentan que por las noches les despertaba mi risa, más no mi llanto.
Quiero vivir, y tocar el cielo para empaparme las manos con su tintura; sin importar si está plateado, dorado, negro o multicolor. He aprendido a amarle sin importar el clima.
Perdí mi corona,estuve a punto de perder la cabeza...pero nada importa, o más bien, todo importa siempre y cuando mis oídos puedan escuchar mis latidos y el amor pueda darle a éstos un sentido.
Mientras los árboles y yo compartamos el mismo sol, mientras la gravedad me mantenga en la Tierra...
y aún cuando mi granito de arena se pierda en la arena de los tiempos, aún cuando mi último suspiro se pierda en la inmensidad de los sonidos, mi alma gritará:
Viva la vida.


domingo, 5 de enero de 2025

Lady Macbeth

No hay cadenas más pesadas que las de la culpa, especialmente cuando provienen de haber cometido una verdadera injusticia. Te atan eternamente a un instante de agonía, a donde la anhedonia llega a anidar siempre.
Vives entre las sombras de tus propios actos monstruosos, temes de quien te devuelve la mirada en los reflejos. 
Sientes los azotes en la espalda, en las corvas...pero el látigo nunca llega a tocar tu piel. 
Escuchas las campana resonando dentro de tu cabeza sin piedad, porque esperas la sentencia, pero ésta nunca llega.
La Inquisición llama a tu puerta, la aporrea con toquidos, y esa es tu mayor tortura: no entra, está esperando a que tú misma te autoinflingas el agravio.
Caminas sonámbula dentro de cuatro paredes, porque el plácido sueño ya no regresa. No existe descanso alguno.
Obsequias caricias en busca de amor y compasión, pero apartas tus manos cuando descubres que tus manos han dejado los rostros ensangrentados. 
Ni siquiera el Señor puede lavar tus errores, borrar tus erróneas pisadas, pues cuando él te mira también entra en negación: se sumerge contigo en la desesperanza.
Es casi imposible retornar el buen camino, tus pies siguen enredados con la telaraña en la que caíste, y sigues dando traspiés.
El alivio nunca termina de germinar, aún si ya recibiste el perdón del ser amado, dañado...pues aún puedes percibir la flecha enterrada entre sus omóplatos cuando le abrazas.
La culpa es un candado oxidado, imposible de abrirse, que te encierra en un pretérito escrito con fuego. Es un candado que te enjaula para que te asfixies con el humo de la hoguera que tú comenzaste. 
  
 

 



 

jueves, 2 de enero de 2025

Just Breathe

 

 
Inhalo, exhalo. Percibo mis latidos, como el agradable golpeteo de la lluvia en las tejas. El aire afuera de mi nariz, como el viento soplando y acariciando los pilares en el pórtico. 
Estoy a salvo, estoy en casa. Mi hogar está en todas partes, está en mí, a donde quiera que vaya. 
Eso me lo enseñaste tú. 
Me enseñaste a dejar salir las lágrimas, nunca las hiciste menos ni trataste de cerrar el grifo, aún cuando no pudieras comprender del todo su causa; pero también me enseñaste a levantarme y a luchar con y por amor. Dices que te enseñé que "Si las lágrimas caen es porque se van a convertir en estrellas fugaces", pero fuiste tú a mí quien lo hizo.
Me enseñaste a apreciar el silencio, la calma. Me enseñaste que el amor debe sentirse como un abrazo fuerte y tranquilizador, como una mirada que lo dice todo sin necesidad de palabras.
Cuando todo es un caos, cuando la gente a mi alrededor levanta la voz y vuelve a las palabras espadas, recuerdo tu silencio y tu paciencia cuando yo perdía el control.
Cuando la vida entera se convierte en un problema algebraico, recuerdo que todo es un ensayo-error: que es válido equivocarse y volver a empezar hasta hallar las incógnitas.
Siempre sabes cómo calmarme, aún sin estar ya presente. 

Estás conmigo, en cada latido de mi corazón porque tú me regalaste más tiempo evitando que la sangre abandonara mi cuerpo. 
Estás conmigo, en el aire fresco que hace que mis pulmones estiren sus ramas para abrazarlo.
Estás conmigo, en mi mente. Tú lograste convertirla en un lugar menos árido y peligroso. 

Estás conmigo, todos los días. Por eso renunciaría para siempre a tocarte. Dejaste huellas tan profundas en mi vida que ni los océanos podrían borrarlas. Dejaste huellas que trato de seguir todos los días, porque tengo esperanza en que seguir tu rastro me volverá, aunque sea un poquito, en un ángel sin alas como tú. 



El veneno se disuelve en palabras

I En los zapatos de papá escondí mi risa, bajo la almohada de mamá tejí mi juego. Las arañas de plástico eran cómplices de la travesura, mis...