miércoles, 25 de marzo de 2026

Aspiro a vivir con consciencia y coherencia

 

Comienzo a perdonarme.

Porque así como no responsabilizo a mis padres ni a mis abuelos por la persona que soy, no puedo seguir culpando a la adolescente ni a la joven que fui de que mi vida no sea como quisiera. 

Sí, hubieron decisiones grandes, que impactaron con fuerza. Pero la verdad es que mi realidad no la construí sólo esa noche en la que opté por la decisión de la que más me arrepiento: la he construido día a día, con pequeñas y al parecer poco significativas decisiones. La estoy construyendo hoy, ahora mismo.

Me perdono.

Porque no tiene sentido seguir repasando cada herida, cada tropiezo, una y otra vez. 

Porque quienes fueron mis mayores maestros de amor no querrían que yo me martirice en bucle, porque no verían mis intentos de expiación como una forma real de sanar lo que dolió. Ellos me harían ver que, sí: me equivoqué de la forma más irracional, y dañé de la forma más profunda y quizás irreparable...pero es verdad: no pude haberlo hecho de otra manera.

Hoy puedo hacerlo diferente, y esa es la única forma de honrar a quienes lastimé.

Hoy puedo actuar 

no desde la necesidad; sino desde el amor.

no desde mi instinto; sino desde la lealtad y la justicia que me guían.

no desde la fantasía infantil; sino desde la imperfecta verdad.

Por eso me perdono, y abrazo a esa mujer de expectativas insaciables, con ese vacío inmenso y avidez de lo más parecido al afecto y al reconocimiento que pudiera encontrar.  

Me perdono. 

Porque aunque me duela el alma de ya no poder reparar lo que destruí, ni sanar a quienes herí, hoy vivo intentando e intentando ser alguien diferente a quien fui.

Porque mi pasado es raíz con espinas, pero no cadenas.

Porque camino la vida con la certeza de que soy más que mis errores.


sábado, 21 de marzo de 2026

El amor es el camino y la meta

 

Creo que lo más hermoso de enamorarse es que el amor te abre los ojos y te permite percibir dónde se encuentra y dónde hace falta a tu alrededor. Su presencia y también su ausencia son más evidentes. Es una fuerza expansiva, que te ayuda a habitarte a ti mismo, pero también a salir de ti para observar a los demás seres. 

Te construye lo individual, y a la vez te conecta con lo universal. No puedo concebir otro motivo más grande por el que llegué a este mundo, y tampoco otro motor más poderoso desde el que habitarlo. No fui planeada, y mis padres sentían el uno por el otro una forma de amor herido, que solemos nombrar "odio"...pero aún así me reconozco amada.

Amada por ellos, imperfectamente: desde el miedo, con errores, tratando de hacer lo opuesto a lo que sus padres hicieron con ellos...y sin querer repitiendo en esencia lo mismo. Pero amada. 

Amada, cada que a mi plato llega el trabajo de agricultores que cuidan de la tierra y de sus semillas. Cada que el viento y el sol acarician mi piel, cada que el agua me hidrata.

Amada cuando una buena amiga me escucha, y cuando mi mamá me abraza.

Amada cuando mi gatita se recuesta a mi lado, y también por mi perrita Hanna cuando un arcoíris inesperado me sorprende.  

Amada también por ti, mi Sol frío. 
Cada que abro un libro y me encuentro con tus cartas.
Cuando escucho la radio y suena una canción que te gustaba. 
Cada que me pongo tu suéter cuando hace frío afuera o adentro. 

Pero sobre todo, me siento amada por ti cada que respiro...porque sé que tú me salvaste y me regalaste más tiempo con tu amor. Cada que tengo un logro, por más pequeño que sea, me siento amada porque veo reflejada tu paciencia y tu guía aún impactando en mi presente y en mi futuro.

Quisiera poder dártelo también a ti, mi Sol...en miradas, en abrazos, en obsequios que te digan cuánto pienso en ti. Te lo daría con mi cuerpo, a través de mi presencia...te daría sin dudarlo mis ojos, mis entrañas, mi corazón entero si lo necesitaras. Pero al menos, por ahora, sólo puedo dártelo desde lo inmaterial: desde mi pensamiento, desde mis palabras dirigidas a ti y dirigidas al cielo para que te cuiden...desde mi tiempo.

Solía odiarme a mí misma, y no me sentía merecedora de nada bueno. Pero ahora que he calmado la tormenta en mi interior, puedo ver que todo el amor que he recibido, y que sigo recibiendo, es un regalo inagotable, indestructible...un regalo que debo compartir cada día de mi vida, en cada uno de mis actos, para que trascienda. 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


lunes, 16 de marzo de 2026

Entre tú y el firmamento

 Soñé contigo...de nuevo. 

Tengo la dichosa mala fortuna de soñarte justo cuando emprendo la tarea, ya de por sí imposible, de dejarte ir. 

Mi lado racional dice que es mi inconsciente aferrándose, pero mi lado soñador dice que es una señal de que no...de que aguante un poco más. Le creo más a mi lado soñador...sé que dolerá si nos equivocamos, pero también sé que es un placer amarte...que quiero seguir haciéndolo todos los días de mi vida, estés cerquita o lejos.

Soñé que viajábamos por carretera, ya éramos mayores pero seguíamos siendo unos adolescentes apasionados en espíritu. Estábamos llevando a mi madre, ya de cabellos blancos, a conocer la nieve. Al llegar ya era de noche, la llevaba a recostar a la cabaña porque ya la estaba venciendo el sueño. 

Pero tú y yo estábamos muy despiertos, nos sentíamos más vivos que nunca. Salíamos y corríamos, jugábamos entre la nieve. Al tropezar y caer, hacíamos ángeles...y después hacíamos el amor. No sentía nada de frío entre tus brazos, me sentía en casa como tantas veces me hiciste sentir. Me sentía joven, libre, plena...morir de amor.

Con tu cuerpo sobre el mío, sobre tu hombro, se veía el limpio firmamento...las estrellas resplandeciendo al unísono. Quería mirarlas, pero quería aún más mirarte, mirar tus ojos desbordados de deseo. Entre tú y el firmamento, me quedo contigo. Siempre contigo.

Así desperté, con la imagen de tus ojos únicos, magníficos, sublimes...otra vez. Con la imagen de esos ojos que me acompañan todos los días como pensamiento intrusivo o como recuerdo reconfortante. 

Puedes reírte, tal vez soy demasiado cursi...pero tú me enseñaste a ser así: romántica empedernida, como tú. Tú me enseñaste a amarte así. 

En ti encuentro mi Eros, 

mi Philia, 

mi Storge, 

mi Ágape, amor.

El clima tampoco ayuda a debatirle a mi esperanza. Le voy a creer que sí. Ya te perdí una vez, prefiero perderte otra vez de ser necesario, llorar aunque te prometí ya no llorarle a ningún hombre, tal vez ya no volver a enamorarme nunca ...pero saber que te amé hasta el final, con todo de mí.  



miércoles, 11 de marzo de 2026

La flor que no sabe marchitarse


Las monarcas arribaron, las lantanas florecieron... pero tú no estás. 

Encontré paz en mi cabeza, en mi corazón, por fin...pero tú no estás.

Soy libre y dueña de mí misma, como te lo prometí. Soy un poco más valiente, un poco más resquebrajada por los años y los daños, pero aquí estoy.

¿Dónde estás tú, amor? 

Sé que es egoísta, sé que podrás ser más feliz sin mí. Con ella y en otra parte, sin miedos y en una patria con menos sangre derramada...

Pero ¿Cómo me arranco este egoísmo, estas ganas de sumergirme en ti, de caminar a tu lado por la vida? 

Me enseñaste a vivir, a amar, maestro. 

Enséñame también ahora a dejar ir, porque nunca he sido buena para las despedidas y menos especialmente cuando se trata de ti, amor. 

Todos me dicen que siga adelante, que hay más personas...pero si te conocieran mejor, sabrían que no es verdad, que no hay más personas como tú. 

Sé que podré conocer a otros hombres, pero ninguno tendrá tus ojos, ni tu risa, ni el tacto de tus manos.

Ninguno me reacomodará la espalda ni el alma con un abrazo como tú solías hacerlo.

Podrán regalarme ramos de rosas y rosas, pero ninguno trepará las ramas de un árbol para colocarme una flor silvestre en el cabello.

Podrán escribirme poemas y canciones, endulzarme el oído llamándome Musa, pero ninguno tendrá tu palabra de labios sinceros, sublime en su sencillez. 

Varios me dirán "Te amo" con la luna como testigo, pero ninguno me lo dirá como tú lo hacías sin palabras, con una mirada que perforaba el tiempo y el espacio. 

Quizás todos tendrán algo que, inevitablemente me recuerde a ti, y eso será lo más doloroso...ninguno será tú, plenamente tú, amor.

Sé que tal vez desde tu dolor creas que es lo justo:

perderte una y otra vez por mis errores, 

buscarte y buscarte y ya jamás encontrarte...

ahogarme en recuerdos, y que sean lo único que me quede. 

Tal vez yo también piense que es lo justo, amor...tal vez es una dulce condena que estoy dispuesta a cumplir. 

Pero bajo la piel sigo siendo la misma niña que vive de ilusiones, amor...esa que lograste amar con sus cien defectos y sus otros cien errores, esa que te amó con toda la pasión y la furia de su juventud y con toda su tristeza prematura.

Si es verdad que tú ya la dejaste atrás, por favor dime cómo 

¿Cómo puedo despojarme de ella yo también, de una vez por todas, amor?

miércoles, 4 de marzo de 2026

Reflexiones de la loca de las palomas


Sé que soy un desastre que intenta ser organizado… y termino sobreordenando lo que ya está en su lugar. Pero estoy tratando, cada día, de no ignorar más mi caos, aunque duela con sólo mirarlo.

Soy una contradicción andante, porque aún hay varias partes de mí que no defino… pero intento caminar por el sendero correcto.

Mis quejas, mis protestas sobre las injusticias del mundo, la mayoría de las veces se quedan sólo en eso, porque me da mucho miedo tomar acción. Y lo único que logro es perturbar la paz de quienes me rodean.

Sé que no soy la persona más brillante que conozcas, de hecho, tal vez sea la que menos y eso puede llevar al límite tu paciencia. Pero hoy estoy en paz con ese defecto, porque creo que a veces tanta inteligencia, tanto conocimiento, termina alejando a la gente de lo que realmente importa.

Y mis chistes no dan risa (a mí sí, pero parece que a las demás personas no les da ni tantita pizca de gracia). El sentido del humor es tu fuerte… pero ojalá sepas que haría cualquier cosa por hacer sonreír a la gente que amo.

Tampoco soy bonita, al menos no de acuerdo con la belleza hegemónica. Pero tengo esperanza de que, algún día, cuando alguien me mire:

con mi caos, ahora sí un poquito más en orden,
con mis contradicciones convertidas en convicciones,
con mis acciones como granito de arena para construir una realidad más justa,
con sabiduría y habilidades cognitivas más desarrolladas
con una sonrisa genuina y contagiosa…

alguien me mire y piense: “Encontré belleza de la que importa, de esa que dan ganas de quedarse un gran muy buen rato… el resto de mi largometraje.”




lunes, 2 de marzo de 2026

La libertad a la que aspiro

 


Fromm escribió que el hombre moderno “existe para todo, excepto para sí mismo”. Que la sociedad lo ha enseñado a perseguir éxito, dinero y prestigio bajo la ilusión de que eso es su propio interés, cuando en realidad lo aleja de su ser.  

Yo quiero ser libre de ser yo misma.  
Aunque mi empleo no es muy remunerado, me permite pagar las cuentas, comer bien, solventar gastos médicos… y, sobre todo, me regala atardeceres y pensamientos que se pierden en cualquier tema.  

Lo más valioso de mi trabajo es ser parte de algo más grande que yo: un eslabón para que alguien, mucho más inteligente y habilidoso que yo, sane a muchas personas. Mi sueño más ambicioso es hacer algo similar algún día.  

Sí, habría sido divertido y valeroso ser periodista: viajar por el país, dar luz a lo que está en las sombras, dar voz a quienes no la tienen.  
También me habría gustado ser maestra de inclusión educativa: decirles, con paciencia y amor, a muchos niños que, aún fallando, aún siendo distintos, tienen un lugar imprescindible en el mundo.  

Ser fisioterapeuta lo descarté desde bachillerato: mis pocas habilidades para la química y la fisiología pesaron más que mi anhelo de aliviar el dolor de espalda de mamá.  
Y hablando de mamás… carajo, sí: me habría encantado ser mamá algún día, aunque tal vez ya no me alcance el tiempo.  

Quizá nunca tuve opción de ser alguien más.  
Tal vez mi historia y mis raíces exigían, a gritos silenciosos, que me convirtiera en psicóloga; que sanara lo suficiente mi alma como para estar en posición de observar y encaminar a otras almas hacia la sanación.  
Me muero de miedo de no hacerlo bien, pero creo que cada anhelo frustrado también me dará sensibilidad hacia quienes sienten que no encajan o que no pudieron ser lo que soñaban.  

No aspiro a un Pulitzer ni a un Nobel de Literatura.  
Tampoco quiero viajes en avión de primera clase.  
Mi honor será estar en un pueblito mágico o en la playa más cercana, recibir un mensaje urgente de una consultante y saber que podré tomar esa llamada, o incluso lanzarme hacia donde esté.  

Estoy segura de que la mejor casa será el hogar que mi mamá y yo logremos terminar de pagar: un lugar del que nadie pueda sacarnos, porque será nuestro, porque será emblema de todo el esfuerzo y la esperanza compartidas.  

No quiero sonar arrogante; sólo quiero abrazar, con aceptación y amor, mi presente y mi futuro… dejar ir en paz al pasado, con sus errores y sus decisiones chungas.  

Hace unos días veía un gameplay de Life is Strange: Double Exposure y comprendí que no siempre viajar en el tiempo y entre realidades diferentes es la mejor idea.  
Creemos que la mejor realidad posible es aquella en la que hicimos todo lo correcto, pero ¿sirve pensar demasiado en ella si no está a nuestro alcance, si quizás ni siquiera existe?  

La mejor realidad en nuestras manos es el ahora.  
Y yo estoy sumamente agradecida por ella: por tener un cuerpo más o menos sano, por mi familia chiquita y rota, por los recuerdos que me hacen ser yo… pero más aún por las decisiones que aún me quedan por tomar, y que sé por cuál brújula estarán guiadas: aportar mi granito de arena aparentemente insignificante, pero que en realidad es el aleteo de una mariposa.  

Aspiro al legado que da la libertad de amar, de vivir a través de todo lo que he amado, amo, y amaré.

Aspiro a vivir con consciencia y coherencia

  Comienzo a perdonarme. Porque así como no responsabilizo a mis padres ni a mis abuelos por la persona que soy, no puedo seguir culpando a ...