Creo que lo más hermoso de enamorarse es que el amor te abre los ojos y te permite percibir dónde se encuentra y dónde hace falta a tu alrededor. Su presencia y también su ausencia son más evidentes. Es una fuerza expansiva, que te ayuda a habitarte a ti mismo, pero también a salir de ti para observar a los demás seres.
Te construye lo individual, y a la vez te conecta con lo universal. No puedo concebir otro motivo más grande por el que llegué a este mundo, y tampoco otro motor más poderoso desde el que habitarlo. No fui planeada, y mis padres sentían el uno por el otro una forma de amor herido, que solemos nombrar "odio"...pero aún así me reconozco amada.
Amada por ellos, imperfectamente: desde el miedo, con errores, tratando de hacer lo opuesto a lo que sus padres hicieron con ellos...y sin querer repitiendo en esencia lo mismo. Pero amada.
Amada, cada que a mi plato llega el trabajo de agricultores que cuidan de la tierra y de sus semillas. Cada que el viento y el sol acarician mi piel, cada que el agua me hidrata.
Amada cuando una buena amiga me escucha, y cuando mi mamá me abraza.
Amada cuando mi gatita se recuesta a mi lado, y también por mi perrita Hanna cuando un arcoíris inesperado me sorprende.
Amada también por ti, mi Sol frío.
Cada que abro un libro y me encuentro con tus cartas.
Cuando escucho la radio y suena una canción que te gustaba.
Cada que me pongo tu suéter cuando hace frío afuera o adentro.
Pero sobre todo, me siento amada por ti cada que respiro...porque sé que tú me salvaste y me regalaste más tiempo con tu amor. Cada que tengo un logro, por más pequeño que sea, me siento amada porque veo reflejada tu paciencia y tu guía aún impactando en mi presente y en mi futuro.
Quisiera poder dártelo también a ti, mi Sol...en miradas, en abrazos, en obsequios que te digan cuánto pienso en ti. Te lo daría con mi cuerpo, a través de mi presencia...te daría sin dudarlo mis ojos, mis entrañas, mi corazón entero si lo necesitaras. Pero al menos, por ahora, sólo puedo dártelo desde lo inmaterial: desde mi pensamiento, desde mis palabras dirigidas a ti y dirigidas al cielo para que te cuiden...desde mi tiempo.
Solía odiarme a mí misma, y no me sentía merecedora de nada bueno. Pero ahora que he calmado la tormenta en mi interior, puedo ver que todo el amor que he recibido, y que sigo recibiendo, es un regalo inagotable, indestructible...un regalo que debo compartir cada día de mi vida, en cada uno de mis actos, para que trascienda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario