Mi Ánimus es la columna que sostiene las alas de mi Ánima. Lo convoqué, y ahora sé que el agua fluye entre las piedras, que mi vuelo será más alto si confío en mis raíces.
Mi Ánimus es tierra estable para mis emociones errantes; estructura para mis sueños dispersos. Me ha enseñado que mi fuego no arde para quemarme, sino por impulso creativo...porque quiero construir, derribar muros, ensuciarme las manos.
Mi Ánimus es raíz, martillo y guardián del impulso que me lleva a crear mi mundo con mis propias manos. No vino a salvarme como un príncipe, ni a encerrarme como una torre. Me ha dicho que, cuando desnude la fragilidad con la que me vestí para ser elegida, seré libre.
Mi padre no fue brújula, fue viento...y se fue. Ya no quiero entenderlo, ni culparlo. Quiero aceptar que su ausencia fue parte de mi historia, pero afirmar que ya no tendrá el derecho de ensombrecer mi futuro. Su partida me dolió como piedra en el pecho, pero también me enseñó a hacer de mis costillas arquitectura sagrada.
Hoy sé que el amor no siempre llega como promesa cumplida: aveces llega como vacío que me empuja a crear lo que no me dieron.
Mi corona se deshizo en cenizas, mi castillo de silencios se derrumbó, mi príncipe se fue y quizás no vuelva nunca...pero estoy a salvo en mí misma, soy arquitecta de alquimias. Encendí una vela en la casa que antes se sentía vacía, sigo escribiendo lo que aún no se me ha dicho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario