Aprendí a caminar descalza sobre el vidrio de tu dolor.
Pensé que si sangraba suficiente ibas a dejar cicatrizar tus heridas.
Guardé mi llanto para mí, y escondí todas las cicatrices.
Sonreí para que no preguntaras si estaba bien.
Porque creí que sentir lo que tú sentiste era una forma de disculparme.
Pero cada noche la deuda creció. Y yo seguí pagando con partes de mí.
No me debes amor. Lo diste todo.
Pero tampoco debías convertirlo en un castigo.
Y sé que te fallé.
Dios, sé que te fallé.
Pero no puedo vivir arrodillada para siempre.
Me observas desde lejos como si fueras juez y testigo.
Como si mi historia completa cupiera dentro de un error.
Y quiero sacudirte los hombros, quiero romper el silencio.
Quiero decirte:
mírame.
No a la versión que recuerdas.
Mírame.
Estoy aquí.
Porque la chica que destruyó todo también se quedó a recoger los pedazos.
Y nadie parece recordarlo.
No me debes amor. Lo diste todo.
Y sé que te fallé.
Dios, sé que te fallé.
A veces pienso que si me hubiera roto un poco más habrías encontrado paz.
Creí que mi sufrimiento podía curarte.
Pero ya no quiero sentirme un error, ni una deuda pendiente.
Ya no quiero esperar una sentencia que no termina.
Voy a dejar de llamarle justicia a todo lo que me hace sangrar.
El amor con amor se paga.
Aún te amo.
Pero tú quieres pagar sangre con más sangre.
Y yo ya estoy drenada.
Mírame, yo también estoy herida.
Mírame, sigo siendo una persona aprendiendo a amar.
Mírame, estoy aquí.
Por favor, mírame.

No hay comentarios:
Publicar un comentario