Ven y quítame las dudas.
¿Las ganas de ti? Esas se reinician todos los días. Nunca tendré suficiente.
Ven y lléname de ti: de tu sabor, de tu aroma, de tu textura. Riega semillas en mi espalda y en mi vientre, y yo las haré florecer con mi amor.
Invade mi boca con tu boca de café azucarado. Comencemos el duelo en el que ambos saldremos ganando.
Déjame inhalar el aroma de tu cabello, de tu cuello, y de más abajo. Inventemos un perfume nuevo con tu fragancia y la mía.
Presióname contra tu pecho, y yo me aferraré a tu espalda cuando la gravedad me esté fallando.
Déjame enjaular tu deseo bajo mis caderas, y tu corazón bajo mis manos en un instante que pueda confundirse con eternidad.
Quédate una noche entera y funde tu cuerpo con mi cuerpo, antes de volver a tu libertad. Enséñame a ser libre como tú, porque ser deseada por otros sólo me hace desearte más a ti, y ya me he cansado de buscarte en otros ojos.
Quédate una mañana, y seamos amanecer juntos. Hazme gritar que te amo y déjame intentar que tú sientas lo mismo.
Acaríciame sin prisas, deja en mi piel pinceladas que me recuerden de donde vengo y a dónde voy. Déjame saber que soy tu hogar antes de que zarpes a otros mares.
Si eres viajero, enséñame a ser tierra firme. Si sigues siendo mi horizonte, yo seguiré siendo mirada que te espera.
Tómame con todas tus fuerzas y pregúntame si sigo siendo tuya aunque ya sepas la respuesta: aunque tu barco se pierda en la distancia, no he dejado de ser tuya un solo día.

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