sábado, 22 de noviembre de 2025

Soy mi propia autora


 Hay una lección que tardamos en entender: nuestro valor como personas no radica en ser "elegidos". Tú eras tú, maravilloso y único aún si yo me declinaba por alguien con quien pudiera mantener mi manera insana de amar. Y yo soy yo, con esas rarezas, manías y defectos que cada día acepto y quiero más.

No cometeré el mismo error de creer que necesito ser vista para existir, de alejarme de mi esencia sólo para encajar en la narrativa y en las expectativas de los demás. En mi mano también hay un bolígrafo, ante mí hay días por delante para escribir a mi manera.

Seguiré con mi cabello corto y desordenado porque mis ideas son también todo un disturbio que me apasiona.

Seguiré con mi cara lavada porque el maquillaje no va a tapar la historia de mis pecas, mis arrugas, y mis cicatrices. Seguiré con mis uñas cortas y sin esmalte porque no voy a cubrir mis ganas de cuidar a los animales sacrificados en pruebas estúpidas e innecesarias.

No sacrificaré la salud y comodidad de mis pies, de mis raíces que se mueven por el mundo, sólo para estar a la altura de la mujer de tus idealizaciones.

No lastimaré más mis tendones, mi estómago, sólo para ser esa mujer de 90-60-90 cuando me zurran las matemáticas especialmente en la belleza obligatoria.

No usaré más máscaras ni disfraces porque ya he interpretado toda mi vida personajes en obras que no eran mías. Ya me cansé de engañarme con espejismos para no buscarme en mis adentros.

Cada día quiero ser más imperfecta, más humana, más libre.

Cada día quiero conectar más con lo que realmente me importa.

Tal vez llevo en la sangre lo hippie de mi abuela. Qué orgullo.

Tal vez no debo ser la mujer que debes llevar a cenar con un anillo brillante para sorprender al gobernador, porque no toleraría estar tan cerca de un maldito servidor público que de servidor no tiene nada: le exigiría, a base de insultos si es necesario, que se ponga a chambear porque hay demasiado dolor en el mundo por sanar.

Y si no me eliges siendo yo, quédate tranquilo: no seré la loca de los gatos. He aprendido demasiado de ellos, pero seré la mujer vegetariana que pasea por la ciudad muy orgullosa con su cerdito.

No soy un delicado y sonrosado tulipán en el continente frío de saqueadores históricos, soy un diente de león amarillo brillante en la jodida y chingona América Latina.

No soy la luna que refleja tu luz, soy una estrella que arde con todas sus fuerzas. Una estrella que se perdona por haber quemado y por haber sido fugaz cuando debió alumbrar noches oscuras.

No necesito ser el Sol, no necesito competir con ningún astro. Me alegra ser así de pequeña, de difícil de identificar en el cielo porque así sólo me sabrán ver los ojos que quieran encontrarme.

Esta soy yo:

despeinada

con trastornos mentales por sanar

con miedos, 

pero también con una valentía inagotable, que se desborda.

No me importa pasar desapercibida. Ardo para cicatrizar lo que me duele, ardo para respirar lo que defiendo. 



 




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