viernes, 4 de julio de 2025

La noche del umbral

En la noche del umbral me fui como humo sigiloso entre mis huesos heridos y mi mirada lejana. Floté encima de mi cuerpo cuando el mundo ardió abruptamente. 

Fui mi propio umbral, mi refugio, entre las sombras perversas que se cernían sobre mí. Inhalé profundo, porque seguir viva, dolía...el aire impregnado de miedo ardía más que el fuego. Sobreviví de la única manera que podía: ausentándome.

Pero ahora, desde la tierra firme, me despido de la que huía de su propio cuerpo para protegerse. Le digo "Descansa, guardiana. Yo nos salvaguardaré ahora. Gracias por tu valentía silenciosa"...y la guardo en un lugar sagrado de mi pecho. Mi voz es ternura feroz, mi palabra es bálsamo. 

Ya no hay cuchillos invisibles que mi voz no pueda frenar como un escudo. No es necesario que vuelva al campo de batalla para sanar la herida: basta con honrarla, nombrarla, y permitir que cicatrice en un espacio seguro, desde una voz que aprendió a decir “yo” sin pedirle permiso al miedo.

Esa noche mi alma tembló, pero no se quebrantó. Regresé por mí, tejí cada fragmento con hilos de ternura,  abracé mi temor,  y me dije: “ya no estás sola”.

Esa noche él intentó acabar conmigo. Las lágrimas saltaron de mis ojos, y sus manos estrujando mi garganta no me permitieron pedir ayuda...pero un grito de guerra se gestó en mi pecho. Mis ganas de vivir rompieron todos los cerrojos y traspasaron los callejones. Mi dolor pintó una estela sobre las calles nocturnas que me llevó a casa...de regreso a mí.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

El veneno se disuelve en palabras

I En los zapatos de papá escondí mi risa, bajo la almohada de mamá tejí mi juego. Las arañas de plástico eran cómplices de la travesura, mis...